Mostrando entradas con la etiqueta comportamiento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta comportamiento. Mostrar todas las entradas

30 abril 2026

Se rompió el vaso

Puedo afirmar casi con absoluta certeza que alguna vez has dicho “se rompió el vaso”. Este pequeño detalle lingüístico, común en español y en japonés, refleja cómo es tu realidad y cambiarlo puede cambiar hasta cómo vives tu vida.

Esta forma de hablar es un constructo verbal que influye en cómo se recuerda la acción, minimizando la responsabilidad de la misma porque no se indica quién la hizo. En inglés, sin embargo, están acostumbrados a asociar una persona a las acciones, de modo que dirían “John broke the glass”, en vez de “The glass broke (itself)”, que haría parecer a la persona evasiva y falta de responsabilidad.

Por eso se dice que cada lenguaje es un reflejo de una cultura, y que cuando aprendemos uno nuevo, también aprendemos una forma diferente de ver la realidad.

Hace un par de años me sorprendió cómo mi mente hizo clic cuando Jorge Salinas nos contó en su máster la importancia de tomar el control de nuestras palabras: El vaso no se rompió, he roto el vaso sin querer.

Como explica Lera Boroditsky en su artículo para Scientific American "How Language Shapes Thought", el lenguaje moldea el pensamiento, y el pensamiento nos prepara para tener éxito (o no) en cada escenario de la vida. Forzarnos a usar un lenguaje alineado con la realidad que nos gustaría vivir nos va a acercar más a vivirla.

Cambiar las quejas por un plan y una acción ya tiene efecto inmediato, no sólo en cómo imaginamos el futuro sino también en cómo nos sentimos en el presente y en cómo nos relacionamos con los demás.

Reconstruir el lenguaje enfocado en el problema por un lenguaje enfocado en soluciones requiere práctica, pero ya sabemos que el cerebro es un músculo y también hay que entrenarlo.

“Esto no funciona”
        👉 “Vamos a probar otra cosa”

“Se están quejando”
        👉 “¿Puedo aprovechar esa la información?”

“No me dan oportunidades”
        👉 “¿Qué habilidades necesito para tener más oportunidades”

Cada vez que construimos una narrativa que nos ayude a salir del problema, estamos creando oportunidades y nos estamos convirtiendo en personas más resolubles, optimistas, amables y felices.

Pensar “No me suben el salario” es una situación cotidiana, pero pensar sólo así es como decir “se rompió el vaso”. Descargamos la responsabilidad sólo en los demás. Si reconstruimos el lenguaje y decimos “¿Qué necesito hacer para ganar más el año que viene?” ya estamos planeando, nos frotamos las manos, nos preparamos para la acción – hacer una mejora, aprender una habilidad nueva, cambiar de empresa, montar una – y tenemos un objetivo claro, una presa.

Es habitual que el lenguaje verbal de una persona sea coherente con su comportamiento. Personas con un lenguaje amable suelen ser más amables en todas las facetas de su vida: el trabajo, en casa y conduciendo un coche. Personas con un lenguaje más duro, o -para reconocernos mejor- menos amable, serán más agresivas en esos mismos escenarios. Un escenario fácil de identificar es cuando conducimos un coche y nos quejamos por cómo conduce el resto, pero es raro encontrar a alguien que se plantee salir de ese escenario. Nos gusta conducir, pero ¿nos gusta conducir protestando y a disgusto?

Si queremos reducir el conflicto en nuestras vidas y encontrar más cooperación y, por ende, satisfacer antes nuestras necesidades, ayuda mucho practicar un lenguaje verbal más amable. Esto hará más amable nuestro comportamiento en el trabajo, en nuestra familia y sí, también al volante y ojo: la amabilidad en sí no es el objetivo final, sino un medio para mejorar la estabilidad y la felicidad en todos los ámbitos de nuestra vida.

Y si queremos aumentar las posibilidades de éxito en cualquier situación que se nos presente, es primordial tener un lenguaje que no se centre en el problema, en la queja y en los culpables sino que visualice las posibilidades de éxito.

Prueba este ejercicio: Identifica una frase que uses a menudo y que te limite y reconstrúyela por una en la que tomes el control.

El lenguaje es una herramienta. No lo uses sólo para describir la realidad, úsalo para crear una realidad mejor.

 

 

 

 

20 marzo 2023

Piensas una cosa, haces otra - Disonancia cognitiva

Leyendo artículos sobre comportamiento me topé -de nuevo- con el concepto de disonancia cognitiva. Cada vez que leo sobre ello me doy cuenta de que si no tenemos presente qué es y cómo se manifiesta, tendemos a comportarnos de ese modo, incoherente e incómodo.

Imagina que eres una persona muy preocupada por el medio ambiente, y siempre tratas de llevar un estilo de vida sostenible y respetuoso con la naturaleza. Sin embargo, un día recibes una oferta para trabajar en una empresa que produce y vende productos de plástico desechable en grandes cantidades. Sabes que el plástico es uno de los materiales más contaminantes y dañinos para el planeta, pero la oferta de trabajo es tentadora y te pagarían un salario muy atractivo.

La disonancia cognitiva es un fenómeno psicológico que ocurre cuando tenemos dos pensamientos, creencias o actitudes que son contradictorios o incompatibles entre sí. Es una teoría que propuso el psicólogo Leon Festinger en 1957 y que permite detectar cuándo "se dice una cosa, pero se piensa otra".
El conflicto que produce este comportamiento nos genera una sensación de malestar y puede afectar negativamente a nuestra salud mental, ya que puede provocarnos desde estrés hasta depresión. De ahí la importancia de estar alerta para detectarla y poder actuar a nuestro favor.

Hay algunos puntos que hacen saltar las alarmas, tanto si los vemos en otras personas como en nuestro propio comportamiento. Está claro que hay disonancia cognitiva cuando:
  • Minimizas la importancia del problema
  • Tratas de justificar tu decisión
  • Cuando te dan información nueva, la evitas o te bloqueas
  • Hablas de la perspectiva de los demás de forma imprecisa
  • Malinterpretas las opiniones o preguntas sobre el tema
  • Ajustas tus criterios para evaluar una misma situación que ocurre en dos momentos/lugares separados
  • Te enfadas o gritas
  • Atacas la personalidad de la otra persona, en vez de el problema sí, porque te quedas sin argumentos
  • Te alejas de las personas que hablen del conflicto

El uso de estas estrategias no será consciente en la mayoría de los casos. Son estrategias que usa nuestro cerebro para reducir el conflicto. Pero estas estrategias también las verás en personas que saben que no están diciendo la verdad, que saben que están dando información imprecisa o que saben que están ocultando información, y eso es porque hay disonancia entre lo que dicen y lo que saben (muy visto entre las personas de la política gubernamental).

Para evitar que exista la disonancia cognitiva, en cambio, se recomiendan las siguientes estrategias:

Cambiar una de las cosas que generan el conflicto y estar "en paz" con el cambio
Esto implica ajustar tus creencias y valores para que se adapten a tus acciones, o tratar de cambiar tus acciones para que se alineen mejor con tus creencias y valores.

Buscar información objetiva y contrastada sobre los temas que nos generan conflicto
Aprender más sobre lo que entra en conflicto puede ayudarnos a estar "en paz" con las acciones que hacemos y nos hace conscientes de qué pros y contras tiene cada parte. De esa forma podemos ser honestos con nosotros mismos y reconocer nuestras contradicciones e inconsistencias.

Además de estrategia, es muy saludable estar abiertos al cambio y al aprendizaje continuo, ser flexibles y tolerar que otras personas pueden tener otras opiniones y, por supuesto, buscar ayuda profesional si no podemos resolver el conflicto por nuestros medios.
Ser conscientes de nuestro comportamiento nos ayudará a estar más saludables, cultivar mejores relaciones y a ser más felices.
Para finalizar, adapto una historia sobre cómo sacar partido de la disonancia cognitiva (fuente Coursera, más abajo):

Un hombre muy bajito monta una tienda cerca de una escuela. Un grupo de niños que pasaba cada día frente a su tienda, camino a la escuela, le comenzó a llamar "¡Enano! ¡Enano!".
Un día el hombre les espera en la puerta de la tienda y les dice que a cada uno que le llame enano, le dará cinco céntimos, porque le gusta que le llamen enano.
Dos días seguidos pasaron gritando "¡Enano! ¡Enano!", y dos días seguidos el hombre bajito da cinco céntimos a cada niño. Pero al tercer día, el hombre les da dos céntimos a cada uno, bajo el pretexto de que no ha habido mucho negocio en la tienda. Y al cuarto día, cuando le gritaron "¡Enano! ¡Enano!", el hombre sólo les dió un céntimo a cada uno y nuevamente les dijo que no había mucho negocio. Al quinto día los niños no le gritaron, porque no iban a hacerlo sólo a cambio de un céntimo. Problema resuelto.

¿Por qué le acosaban gratis, pero no por un céntimo?

El cerebro tiende a reducir o evitar la inconsistencia psicológica, de modo que cuando el tendero dice que está contento con que le llamen "Enano" y cambia el juego de acoso a recompensa económica crea en los acosadores una inconsistencia y una disonancia en el acoso sin suficiente compensación económica. Muy parecido con el ejemplo del principio de este post.

¿Cambian nuestros principios si nos dan suficiente compensación económica? ¿Estamos en paz con ello?

Tú piensa.

Fuentes:
AIs: Bing's Sidney, OpenAI